20 presos de ETA reactivan encuentros con víctimas paralizadas hace una década |  España
Manifestación a favor del acercamiento de los presos de ETA a las cárceles del País Vasco y Navarra, celebrada el 3 de julio en Pamplona.
Manifestación a favor del acercamiento de los presos de ETA a las cárceles del País Vasco y Navarra, celebrada el 3 de julio en Pamplona.Villar López / EFE

Un total de 20 de los 190 ETA detenidos en las cárceles españolas han solicitado participar en los talleres de justicia restaurativa puestos en marcha por Instituciones Penitenciarias para que los condenados por todo tipo de delitos se sientan cara a cara con sus víctimas y pidan su perdón. , según informaron EL PAÍS fuentes políticas vascas y fuentes penitenciarias confirmadas. El objetivo, similar a las 14 reuniones realizadas en 2011 con internos arrepentidos de la organización terrorista que recibieron la llamada. vía Nanclares, es que las víctimas obtienen una reparación, al menos simbólica, por el daño sufrido y, al mismo tiempo, facilitan la reintegración de los presos al hacerles conscientes del dolor que les han causado.

Sin embargo, a diferencia de aquella iniciativa -interrumpida tras la llegada del PP al Gobierno ese año-, estos «diálogos restaurativos» no se centran exclusivamente en ETA, sino que desde enero de 2020 han participado todo tipo de reclusos, salvo los condenados por violencia de género. y delitos sexuales. Fuentes oficiales de Instituciones Penitenciarias han confirmado a este diario el interés de un grupo de miembros de ETA por intervenir en estos talleres y el apoyo del Ministerio del Interior a la iniciativa. «La justicia restaurativa es, sobre todo, un derecho de las víctimas, pero también una oportunidad de reinserción para los condenados, incluidos los presos de ETA, que tienen el mismo trato que el resto de la población carcelaria», señalan.

Los presos de ETA que han solicitado participar en estos encuentros se celebran en los centros penitenciarios de Asturias, Burgos, Logroño y El Dueso (Cantabria), en los que actualmente hay 66 miembros de la organización terrorista. Según fuentes penitenciarias, en los próximos días los equipos de tratamiento de estos centros penitenciarios, en colaboración con los profesionales de la mediación que intervienen habitualmente en la preparación y realización de estas reuniones, seleccionarán, entre los 20 que lo han solicitado, a los que se consideren preparados. . «Se intentará que las víctimas con las que se reúnan sean directas de sus agresiones y, si esto no es posible, con otra de la violencia de ETA o, en su defecto, que puedan enviar una carta a una de ellas», añaden estas fuentes.

Los internos de ETA ya han sido informados de que su participación en el taller no redundará en una reducción de su condena ni en el acceso a los beneficios penitenciarios. Es la manera de asegurar que su interés sea sincero, que no busquen ninguna ventaja que vaya más allá del nivel estrictamente personal. Sin embargo, las Instituciones Penitenciarias admiten que los equipos de tratamiento penitenciario tendrán en cuenta esta actividad a la hora de realizar evaluaciones, por ejemplo, de avance a tercer grado o semi-liberación o permisos de acceso para los presos.

Esta iniciativa se pone en marcha después de que Interior pusiera fin de forma simbólica, el 1 de julio, a la política de dispersión con el anuncio del traslado de los últimos cuatro internos de la organización terrorista que permanecían en las cárceles de Andalucía. Ahora todos los presos están en cárceles de la mitad norte del país, más cerca del País Vasco (y 54 de ellos están en cárceles vascas). La medida también ha ido acompañada de un cambio paulatino en el régimen de vida al que estaban sometidos los internos de ETA, de los que solo tres están clasificados en primer grado o régimen cerrado, el más duro. Estas medidas han ido acompañadas de un cambio también significativo en la actitud de los miembros de ETA en prisión, que, en algunos casos, se ha traducido en cartas de arrepentimiento. En 2020, más de 40 de ellos se disculparon por escrito, según datos de la lucha contra el terrorismo. El año anterior habían sido treinta y en 2018, año en el que ETA anunció su disolución, solo ocho.

Contemplado en el Estatuto de la Víctima

Los talleres de justicia restaurativa que seguirán los presos de ETA no son nuevos. Contemplados en el artículo 15 del Estatuto de la Víctima, se llevan a cabo desde 2016, aunque luego solo se ofrecían a los condenados que cumplían su condena mediante medidas alternativas, no dentro de la prisión. Además, los encuentros no se realizaron con víctimas directas, sino con otras que habían sufrido el mismo delito por el que habían sido condenados. En enero de 2020, Interior extendió la iniciativa a quienes están cumpliendo sus penas privados de libertad y, además, incluyó la posibilidad de que sea con las víctimas de sus delitos. En lo que va de año, 258 condenados (17 de ellos mujeres) han participado en ellos por delitos que van desde homicidio y asesinato hasta lesiones o robo con fuerza.

El programa prevé para los reclusos 10 sesiones de preparación de cuatro horas cada una que se realizan semanalmente dentro de la prisión. Al finalizar las sesiones, son los mediadores, junto con los técnicos penitenciarios, quienes deciden si, una vez finalizadas las sesiones, los internos están preparados para sostener la reunión con la víctima o si, por el contrario, son retirados de el programa o necesitan asistir a más sesiones de las planificadas inicialmente.

En el folleto informativo que se entrega a la víctima antes de iniciar todo el proceso, Prisiones detalla que el objetivo del encuentro es que la víctima explique en persona al interno “cómo vivía”. [el delito] y qué consecuencias han surgido de esa experiencia ”. También se pretende que el condenado asuma la responsabilidad de su acción y pida perdón. El programa contempla que el encuentro -que está previsto que se celebre en un máximo de una o dos sesiones- sirva para acordar «medidas de reparación reales o simbólicas del daño derivado del delito».

Las Instituciones Penitenciarias hacen una última “sesión de seguimiento” con la víctima para, antes de cerrar todo el proceso, verificar que ha recuperado la “tranquilidad personal”. El documento enfatiza que en ningún caso se pide a la víctima que perdone al delincuente, aunque el folleto afirma que «a veces esto surge de forma natural en el encuentro». En el caso de los presos, serán los profesionales penitenciarios quienes evaluarán si el arrepentimiento del infractor es «sincero».

El protocolo de justicia restaurativa enfatiza tanto la “confidencialidad” de todo el proceso como el carácter “voluntario” de la participación de la víctima, quien será contactada para realizar el ofrecimiento a través de la Fiscalía o las oficinas de atención a las víctimas. víctimas de las comunidades autónomas. También se afirma que tanto el afectado como el condenado pueden decidir «en cualquier momento» no proceder.

El precedente interrumpido de la carretera de Nanclares

A finales de 2008, el Ministerio del Interior comenzó a trasladar a prisioneros de ETA críticos con la banda a cárceles cercanas al País Vasco. Quienes dieron un paso más y firmaron una carta rechazando la violencia, pidiendo perdón y comprometiéndose a afrontar una indemnización, fueron enviados a la cárcel alavesa de Nanclares de Oca, donde en 2011 surgió la iniciativa para conocer a las víctimas, la ruta Nanclares.

Josu Elespe, hijo de Froilán Elespe, el primer concejal socialista asesinado por ETA, se reunió con un disidente de la banda; Maixabel Lasa, con dos de los asesinos de Juan María Jáuregui, su marido; Emiliano Revilla, con su secuestrador, Joseba Urrusolo Sistiaga; Rosa, víctima de Hipercor, con Rafael Caride, condenado por el atentado. En estas entrevistas también participaron los ex miembros de ETA Iñaki Recarte, Fernando de Luis Astarloa y Valentín Lasarte.

En 2011, el PP ganó las elecciones y el nuevo gobierno no siguió la línea iniciada en Nanclares. Se interrumpieron las reuniones con mediación previa.

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