Administración AMLO: La recuperación que no es |  Opinión
Un hombre desempleado pide dinero a los automovilistas en la Ciudad de México en febrero de este año.
Un hombre desempleado pide dinero a los automovilistas en la Ciudad de México en febrero de este año.Andrea Murcia / CUARTOSCURO

Este viernes tendremos la primera lectura del comportamiento de la producción en México durante el primer trimestre del año. Todo indica, con los datos que tenemos a mano, que habrá un crecimiento en torno al 0% del PIB secuencial. Es decir, estancado respecto al trimestre anterior.

Cuando las economías tienen choques de la magnitud que estamos viviendo debido a la pandemia, es común observar un repunte significativo en el período siguiente. En la mayoría de los casos, es un efecto comparativo; a medida que la producción cae significativamente, cualquier cambio en la misma en el período siguiente es más notorio en términos porcentuales. México, por ejemplo, en 1995 se contrajo 6.3% y al año siguiente creció 6.8%. La crisis financiera de 2009 provocó aquí una caída de la producción del 5,3% y un repunte del 5,1% en 2010.

En 2020, la caída del PIB mexicano fue de 8.3%, la segunda más grande en los últimos 120 años, solo después de 1932, estimada en alrededor de 14%. Es de esperar, suponiendo que la pandemia lo permita y no haya otro confinamiento masivo, que este año crezcamos en torno al 5%, según las previsiones más optimistas. Nada extraordinario, cabe agregar.

La economía estadounidense cayó un 3,5% el año pasado y las expectativas de recuperación para este año superan el 6%. A esto se le puede llamar recuperación, no meros rebotes de una caída. En cualquier caso, México terminará beneficiándose del apoyo fiscal multimillonario que le ha otorgado Estados Unidos para enfrentar el impacto de la pandemia y de los inmensos planes de infraestructura que el presidente Biden está comenzando a implementar.

Más que el repunte, lo que será relevante para México será volver a los niveles previos a la crisis, tanto en términos agregados como per cápita. Pero hagamos una pausa aquí, ¿es ahí donde queremos volver? ¿En los niveles prepandémicos? ¿A esas figuras económicas que tanto criticamos en su momento por su mediocridad? ¿Con ese crecimiento promedio del 2% que hoy parece casi una aspiración?

La inversión es el indicador que, desde mi punto de vista, nos da más información sobre las expectativas del comportamiento futuro de la economía. En este indicador, la realidad se enfrenta a las palabras. Una cosa es decir en qué país tendría confianza para invertir y otra, a veces muy diferente, es dónde se colocan realmente los recursos de inversión. La inversión fija bruta en México cayó 5.1% en noviembre de 2018. No puedo mostrar causalidad, pero me atrevería a argumentar que la cancelación de lo que habría sido el nuevo aeropuerto y, sobre todo, la forma en que se tomó la decisión de frenar eso. proyecto. Al mes siguiente volvió a caer y, en una muestra de confianza quizás inocente, se recuperó ligeramente a principios de 2019.

A partir de entonces, mes tras mes, la inversión cayó. Y siguió cayendo cuando llegó el covid y se sintieron sus impactos. Tocó un nivel bajo en mayo del año pasado y desde entonces ha mostrado cierta recuperación. El dato más reciente que tenemos es de enero de este año y nos muestra que la inversión se encuentra en niveles similares a los que tenía a mediados de 2006. Hemos perdido 15 años de inversión en dos del Gobierno.

La inversión extranjera directa también ha caído. Las cifras del Ministerio de Economía —siempre incompletas, conviene aclarar— muestran una reducción en 2020 de 14,7% en las entradas al país. La balanza de pagos al cierre de 2020 muestra una salida en inversión directa de 22.551 millones de dólares. Los recursos que ingresaron al país fueron inversiones de cartera. Ciertamente algo de esto puede deberse al coronavirus, pero con las decisiones tomadas en materia económica, dudaría que esta fuera la única explicación.

La lista de decisiones que desalientan notablemente la inversión crece cada semana. Comenzó hace más de dos años con la cancelación del aeropuerto, pero en las últimas semanas hemos visto la repentina aprobación de la reforma a la Ley del Sector Eléctrico y la nueva Ley de Hidrocarburos.

Que a esta Administración no le guste la inversión privada ya no debería sorprender a nadie. La sorpresa sería que a pesar de todas las señales enviadas a los inversionistas, aún así decidieron poner sus recursos de manera consistente en México. No soy optimista, pero creo que dentro de la administración del presidente López Obrador deben empezar a ver qué les muestra la realidad para corregir el rumbo. Si esto no cambia, continuaremos esperando una recuperación que no sucederá.

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