Alternativas para paliar la crisis del agua en la Ciudad de México amenazan a otras comunidades
Vista panorámica de la represa Madín, en el Estado de México, este martes.
Vista panorámica de la represa Madín, en el Estado de México, este martes.Teresa de Miguel

La crisis del agua se agrava en la Ciudad de México. El caudal del sistema Cutzamala que abastece a parte de la capital sigue disminuyendo y esta semana el agua solo llenó el 42,9% de la capacidad del conjunto de presas, 23 puntos menos que en el mismo mes del año pasado. Ante la emergencia, la jefa de gobierno de la ciudad, Claudia Sheinbaum, proyecta construir una nueva planta de tratamiento de agua para abastecer a la capital de otras fuentes de agua cercanas, como la presa Madín o la presa Guadalupe. José Antonio Benjamín Ordóñez, investigador del Instituto Tecnológico de Monterrey, advierte que esta estrategia no resuelve el problema a largo plazo y que contagiará a estas otras presas con la misma crisis de abastecimiento que sufre actualmente el Valle de México. Además, advierte que, de continuar la crisis sin medidas de reforestación o manejo del uso del agua, el sistema Cutzamala podría colapsar en menos de año y medio.

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Ante el retraso de las lluvias y la escasez de lluvias acumuladas que ha agravado la sequía, la estrategia del Gobierno de la Ciudad de México se centra en una nueva planta de tratamiento de agua y en el autoabastecimiento de presas cercanas que atienden a otras comunidades. «Actualmente están en estudio para traer más agua de la Represa Guadalupe, Valle Xico y Nuevo Lerma, y ​​estamos estudiando una más», aseguró Sheinbaum a fines de marzo. Sin embargo, Ordóñez advierte que a pesar de ser un «plan práctico» a corto plazo, no resuelve el problema crónico de abastecimiento de la megapolis.

El agua que se encuentra actualmente en las presas que conforman el sistema del que se alimenta la ciudad —El Bosque, Valle de Bravo y Villa Victoria— ha logrado acumularse luego de 40 años de lluvias, pero el consumo que se hace de ella la hace insostenible. para mantener el nivel. «Si elimina más agua de la que puede dar el sistema, puede provocar una sedimentación excesiva y esto provocará la privación de oxígeno y la eutrofización», dice. En consecuencia, el agua se contamina y se llena de algas. El proceso para tratarla y hacerla apta para el consumo se encarece y aumenta el riesgo de sobreexplotación de estas presas y trasladar la crisis del agua a localidades cercanas, como Naucalpan y Atizapán.

La represa Madin, en el Estado de México, el 27 de abril de 2021.
La represa Madin, en el Estado de México, el 27 de abril de 2021.Teresa de Miguel

Actualmente, el agua de presas alternativas como Madín o Guadalupe tiene niveles muy altos de contaminación. En su composición hay metales pesados ​​como mercurio, hierro y aluminio, pero también residuos de diclofenaco, ibuprofeno y naproxeno, según Ordóñez. El investigador explica que el agua de lluvia en la capital no es potable debido a los altos niveles de sustancias y partículas que atrapa. Para que sea apto para el consumo, necesita un tratamiento en plantas de tratamiento de agua y esto no resuelve el problema principal: el uso del recurso y su gestión. Recurrir a otras represas ubicadas cerca de las grandes ciudades para satisfacer a la capital sólo «magnifica el problema». “Nuestro consumo es muy alto. Las otras presas se agotarían y dejaríamos el resto de la zona sin agua ”, dice.

Para abastecer a una población creciente y concentrada de casi 22 millones de habitantes en el área metropolitana del Valle de México, Ordóñez apunta a la necesidad de reciclar las aguas residuales en lugar de desperdiciarlas. Paralelamente, es necesario tecnificar el riego agrícola para aprovechar mejor el recurso, así como reforestar los bosques para facilitar la retención e infiltración de agua en el subsuelo. También señala la necesidad de crear esquemas de uso para la población. Esto se logra creando conciencia sobre el agua utilizada en la rutina diaria del hogar, midiendo en recipientes cuánta agua se necesita para lavarse las manos o bañarse. «Si somos conscientes del volumen de agua que usamos, podemos aprender a respetarlo», dice.

Actualmente, la Ciudad de México tiene una demanda de 480.000 millones de litros de agua al año. El investigador estima que con el 42,9% de su capacidad, el sistema podría colapsar en menos de dos años si sigue lloviendo más tarde y menos, como indican las predicciones para este año. «Si no actuamos, el agua se acabará», dice.

Un hombre pesca en la represa Madín, en el Estado de México, este martes.
Un hombre pesca en la represa Madín, en el Estado de México, este martes.Teresa de Miguel

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