América Latina: Rotación y permanencia del riesgo |  Negocio
Protestas contra el Gobierno de Iván Duque en Medellín, el 2 de junio.
Protestas contra el Gobierno de Iván Duque en Medellín, el 2 de junio.JOAQUIN SARMIENTO / AFP

América Latina sigue sumida en un escenario de inestabilidad política con tres claros vértices: Chile, Brasil y Colombia. La percepción de riesgo ha ido rotando en este bienio y así, si a finales de 2019 las protestas sociales ocuparon las calles de Chile hasta forzar la apertura de un proceso de reforma constitucional (que aún está en marcha), el buen manejo de la pandemia y el rápido acceso a las vacunas ha reducido significativamente el malestar social, que se ha extendido a Colombia.

Esta economía se debate entre dos opciones: la presentación de una reforma que minimice el riesgo fiscal (aumento de la tensión social) o el mantenimiento del sistema actual (exponiendo al país a una reducción en su calificación y la pérdida de su grado de inversión). Brasil, por su parte, ha logrado mantener estables sus ratios de endeudamiento, lo que, combinado con el buen desempeño del PIB, ha permitido estabilizar la percepción de riesgo que durante 2020 ha ejercido presión sobre las variables financieras de esta economía.

El contexto descrito ha sido un excelente banco de pruebas para las decisiones de gestión de riesgos de las empresas. Las estrategias propuestas han enfrentado el difícil equilibrio entre (i) neutralizar los efectos de la inestabilidad y (ii) no penalizar la rentabilidad con políticas de cobertura muy agresivas.

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Una mirada a los procesos de toma de decisiones de las multinacionales más afectadas por esta circunstancia muestra que no existe un abordaje universal del problema. Como es el caso de la gestión de tesorería, muy condicionada por el entorno de tipos de interés negativos, las empresas están adoptando cada vez más técnicas de gestión de riesgos en línea con las observadas en la gestión patrimonial, aumentando el dinamismo de las estrategias y también su complejidad.

Muchas empresas eligen enfoques para proteger los dividendos que reciben de las inversiones (o el riesgo de flujo de efectivo), en lugar de proteger el capital invertido en ellas. El segundo enfoque implica adoptar una posición de riesgo neutral, para evitar una variación no deseada en el patrimonio neto de la empresa (conocida como riesgo de traspaso) que probablemente desencadene problemas de solvencia.

Sea cual sea el enfoque que se elija, y con el escenario descrito en América Latina como telón de fondo, la empresa debe ser consciente de que el riesgo fluctúa, pero nunca desaparece por completo. Por tanto, la capacidad de respuesta de la empresa debe ser ágil y basada siempre en una política corporativa que favorezca la toma de decisiones acorde con el riesgo y coste de protegerla. De lo contrario, la protección puede llegar tarde y no cumplir el propósito final de preservar el valor para los accionistas.

Pablo Guijarro y Nereida González Son profesores de Afi-Escuela de Finanzas.

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