La sangría de detenciones de la banda narco que durante dos décadas manejó 7 hectáreas de la Ciudad de Buenos Aires cobró fuerza en diciembre y siguió este fin de semana de Navidad.

El sábado por la madrugada la Gendarmería detuvo en la Villa 1-11-14 del Bajo Flores al peruano Alexis Méndez Portilla (37), quien tenía pedido de captura desde 2021 como uno de los responsables de «seguridad» de la banda de Marco Estrada Gonzales (60, alias Marcos).

A Méndez Portilla se lo conocía en la villa con el apodo de «Comandante», en parte por su gusto de pasearse por los pasillos del asentamiento vestido con ropa de camuflaje, en parte por su pasado como militar: en su país llego a ser cabo del Ejército, integrando grupos comando.

La Gendarmería lo detuvo en la manzana 22 de la villa. Pero sacarlo de allí demandó refuerzos.

Según el parte oficial, «la capsula de extracción del interior de la villa fue apoyada por el Escuadrón 1.11.14, lo cual fue de vital importancia ya que al arribarse a la intersección de avenida Riestra y Pasaje Bolívar, una turba de personas se abalanzó sobre el personal de la institución a fin de evitar que el detenido fuera trasladado».

Cayó "El comandante", un jefe narco peruano que había sido parte del ejército de su país.Cayó «El comandante», un jefe narco peruano que había sido parte del ejército de su país.

Tras su detención, los abogados pidieron su excarcelación, a la que se opuso la Procuraduría de Narcocriminalidad (PROCUNAR) y finalmente fue rechazada por el juez federal Ariel Lijo.

«Tal como fue mencionado en el dictamen de fecha 11 de octubre de 2022, Alexis Méndez Portilla, alias «Comandante», cumple la función de «encargado» dentro de la organización criminal y se relaciona con la seguridad de la banda (es decir el manejo de armas)», dice el dictamen que el mismo sábado firmó la PROCUNAR:

Cayó "El comandante", un jefe narco peruano que había sido parte del ejército de su país.Cayó «El comandante», un jefe narco peruano que había sido parte del ejército de su país.

Banda en crisis

Con las primeras líneas de la banda de los Estrada Gonzáles muertas, presas o expulsadas de la Argentina (caso de «Marcos»), la estructura no pudo sostenerse. En sus mejores momentos, la organización rregenteaba 90 hombres (por turno) entre vendedores, marcadores (campanas) y «chalecos» (seguridad).

Todo estaba perfectamente repartido en semanas -cuatro por turno- entre «Marcos» y su hermano menor Fernando Estrada Gonzáles (56), alias «Piti». Para llegar a un vendedor, había que pasar tres anillos de seguridad. Hoy no hay plata ni gente para reinstaurar un sistema similar.

Eso se terminó. «Marcos» fue condenado a 24 años de prisión en plena pandemia y expulsado a Lima en junio de 2022. Allí tuvo una breve detención en una causa por lavado de dinero y hoy ya está en libertad.

Marco Estrada Gonzáles, alias "Marcos", el capo narco que operaba en la villa 1.11.14.Marco Estrada Gonzáles, alias «Marcos», el capo narco que operaba en la villa 1.11.14.

Su hermano «Piti» -prófugo durante más de 10 años- se entregó en la Procuraduría de Narcocriminalidad (Procunar) en abril pasado. En mayo el juez Ariel Lijo lo procesó con prisión preventiva y marchó preso.

La tercera pata del clan familiar, sobrino de Marcos y «Piti», Jhon Paul Revilla Estrada (47), alias «Burro», fue detenido en Lima, Perú, el 19 de marzo de 2023 y está allí esperando ser extraditado a la Argentina.

Uno a uno, los capos fueron cayendo, en gran parte gracias a un trabajo constante de la División Operaciones Área Metropolitana de la Superintendencia de Drogas Peligrosas de la PFA. Y ahora hasta las terceras líneas están cayendo.

Fernando Estrada Gonzáles, alias "Piti", el hermano del capo narco peruano "Marcos" que se entregó este año.Fernando Estrada Gonzáles, alias «Piti», el hermano del capo narco peruano «Marcos» que se entregó este año.

Apenas el lunes 11 de diciembre la gente de la Unidad de Delitos Complejos y Procedimientos Judiciales «Cinturón Sur» de Gendarmería detuvo a dos miembros de la banda que tenían pedido de captura.

El primero en caer -en Riestra y Bonorino-, fue el peruano Percy Edgar Araujo Cruz (42), alias «Chocman», dueño de un local de comidas («Local Cuervo») allanado varias veces en el marco de la investigación contra los Estrada Gonzáles. Su apodo aparece en un cuaderno secuestrado en abril de 2022. Habían pedido su captura en noviembre pasado.

Unas tres horas después fue detenido, también en la villa, Ted Costher Huaman Castillo, alias «Chato Cooper». Tenía pedido de captura desde octubre de 2022 y está señalado como supervisor de «marcadores» y vendedores. Su hermano, apodado «Agapito», fue condenado en una de las causas contra los Estrada Gonzáles, pero su pena se cumplió en 2017.

«Chocman» y «Chato Cooper» fueron el último capitulo de un trabajo de rastreo en el territorio de la Sección Reunión de Información «Cinturón Sur» de Gendarmería y sus detenciones son el síntoma de un desbarranque que hace apenas unos años parecía imposible de lograr.

Desde septiembre, los arrestos se fueron sucediendo: Wilmer de la Cruz Aredo (42), alias «Mascarita»; José Cuenca Beltrán (42), alias «Ranita»; Víctor Raúl Auccapuri Quiroga (54), alias «Viejo Verde»; Fernando Ariel Torrez Benítez (28), alias «Tiki Tiki»; y Leandro Anthony Alexis Quispe (24), alias «Bandido».

Algunos de la lista son más importantes que otros, caso de «Mascarita» o «Ranita», pero no pudieron sostener el negocio que tuvo su golpe de gracia en septiembre de 2021 con la detención de Johnny Ray Arnao Quispe (38), alias «Pantro», el último que había intentado mantener las estructuras de los Estrada Gonzáles.

Claro que los narcos son un poco como la humedad de las paredes: el agua siempre encuentra alguna manera de seguir su camino. Y en este caso, dicen los que saben, que si bien la banda de los Estrada Gonzáles está agonizando como tal, su cartera de clientes ahora migró hacia otros sectores de la villa del Bajo Flores o directamente a otras villas.

Tal como había pasado a fines de los ’90 cuando «Marcos» se enemistó con su socio Alionzo Rutillo Ramos Mariños, alias «Ruti», y éste se hizo fuerte en la villa 31, en los últimos meses el asentamiento de Retiro tendría más y más presencia narco.

El derrame también llegó al sector paraguayo de la villa, el que queda más cerca de la cancha de San Lorenzo. El punto caliente es la zona de «Tres Bocas», donde confluyen tres calles y el vendedor tiene perfecto control de quien se acerca a él.

«La zona de Tres Bocas constituye un sector estratégico para el desarrollo de estas actividades, pues posee un sistema de accesos que permite vigilar el ingreso de personas ajenas al lugar y, en consecuencia, asegura la impunidad de quienes intervienen», dijo el juez federal Sergio Torres en una resolución de junio de 2014.

Tres Bocas, ubicado en la manzana 26, tiene una oscura historia de violencia. Allí, en abril del 2015, sicarios asesinaron a tres hermanos y un amigo de ellos. El grupo fue emboscado y rematado a balazos en la cabeza. Se encontraron 34 vainas servidas.