Colombia: La reforma, el paro y el auge |  Opinión
Integrantes de la industria del entretenimiento protestan en Medellín contra las medidas para prevenir el coronavirus.
Integrantes de la industria del entretenimiento protestan en Medellín contra las medidas para prevenir el coronavirus.Luis Eduardo Noriega A. / EFE

En Colombia, varios hechos confluyeron en unos días que han trastornado el debate político nacional. Por un lado, una reforma tributaria presentada por el gobierno nacional y respaldada por la mayor parte de la coalición radical de derecha que gobierna Colombia, aunque no por todos los sectores. La puesta en escena de la propuesta de reforma fue una de las peores, ya que se fue filtrando poco a poco. Luego, sin explicar muy bien, el gobierno utilizó una estrategia de chantaje, diciendo que si no se aprobaba, no habría dinero para programas sociales. Al final, la reforma siguió favoreciendo a los más ricos y la recaudación se hará, básicamente, en el sector medio y asalariado.

Lo segundo que sucedió es que Colombia ha entrado en lo peor del tercer pico de la pandemia, quizás el más largo y mortífero. Durante varios días, los informes de muertos han superado los 420 registros diarios. Nuevamente hay cierres parciales, miedos e imágenes dolorosas sobre la saturación del sistema de salud. Esos han sido los titulares.

En tercer lugar, surgieron dos encuestas en las que el equilibrio es simple: las fuerzas alternativas están subiendo mucho y la coalición de derecha parece tener muchos problemas. Obviamente, para algunos analistas esto provocará un impacto de pánico en los sectores ricos y la clase política tradicional ante la alta cifra del candidato de izquierda Gustavo Petro. Lo que a su vez conduciría a una situación de gran coalición de todos contra Petro. Para otro sector de analistas, las encuestas muestran descontento hacia el gobierno de Duque y el propio Uribismo es el mejor gestor de campaña de Petro.

El último de los hechos es que la coalición de gobierno en el Congreso de la República, con motivo de la propuesta de reforma tributaria, está haciendo agua. Literalmente explotó. Todo esto en medio de acusaciones de mecenazgo por parte del Ejecutivo para ganar el voto de algunos senadores y el cálculo de los directores de partido del costo electoral que deberían aprobar dicha reforma.

Con un gobierno con la imagen en el suelo, un deterioro de su gobernabilidad y una coalición que hace agua, los sectores de la oposición levantaron mucho la apuesta en el juego político: convocaron un paro nacional. Una gran movilización para, en teoría, demostrar fuerza en la calle y así terminar erosionando el apoyo al presidente Iván Duque. La convocatoria se realizó para este 28 de abril, misma semana en la que se estima que Bogotá alcanzará su nivel más alto de estrés en su sistema de salud.

El problema de fondo es que las manifestaciones serán, como se dice popularmente, una medida de fuerzas. En otras palabras, el gobierno nacional planea establecer la fuerza de la convocatoria de los sectores de oposición, y también del descontento social. Por tanto, por miedo a la pandemia, la convocatoria podría ser un auténtico fracaso y, al final, eso acabaría dándole aire al Ejecutivo. En medio de esto, hay otras formas de protestar además de las marchas. Por ejemplo, las cazuelas se proponen como un mecanismo alternativo. Sin embargo, los sectores de la oposición no están de acuerdo en aceptar estas otras formas alternativas de protesta.

El Gobierno, por su parte, está apostando al fracaso de la protesta y con ello lograr cierto apoyo dentro del Congreso con algún impulso burocrático, lo que popularmente se conoce como ‘jam’. Evidentemente, el Gobierno no quiere ser derrotado por la reforma, ya se ha convertido en una cuestión de honor. Hará todo lo posible por aprobarlo, además, por las agencias calificadoras de riesgo. Así, también es una apuesta arriesgada por parte del Ejecutivo aprobar una reforma de esta manera, ya que el impacto electoral en su partido y los congresistas que lo apoyan será demoledor. Pero también es arriesgado por el tema de la protesta social, hay mucho descontento y después del tercer pico, la calle podría ser el escenario de la nueva democracia. Todos tienen mucho en juego.

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