El asesinato del defensor yaqui Luis Urbano vuelve a exponer el peligro de la lucha por el agua en Sonora
El defensor ambiental yaqui Luis Urbano, en un fotograma del documental 'Laberinto Yo'eme', grabado en Sonora en 2020.
El defensor ambiental yaqui Luis Urbano, en un fotograma del documental ‘Laberinto Yo’eme’, grabado en Sonora en 2020.YO’EME LABERINTO

El crimen ha vuelto a sacudir a la maltrecha tribu yaqui. El defensor ambiental Luis Urbano fue asesinado esta semana en el centro de Ciudad Obregón, en Sonora. Hace menos de dos semanas, Tomás Rojo, uno de los líderes históricos de la comunidad, desapareció cuando salía a dar un paseo matutino en Vícam, cerca de Cajeme. Todavía no hay rastro de él. Ambos activistas estuvieron involucrados en la defensa del agua y el territorio contra el crimen organizado y las autoridades federales y estatales. Estos ataques son una prueba más de la difícil situación por la que atraviesa esta tribu, conocida por su larga lucha por proteger el río Yaqui y sus tierras.

Urbano fue asesinado a tiros este martes cuando salía a retirar dinero en un cajero automático. El activista de 36 años fue el encargado de acompañar a las autoridades tradicionales yaquis. Definido como un joven trabajador, siempre de buen humor y muy querido por su comunidad, Urbano se convirtió poco a poco en un interlocutor de las demandas y peticiones de la tribu, enfocado en la defensa de la identidad y el medio ambiente. En 2015 Urbano participó en una caravana nacional por la defensa del agua y el territorio. Frente a cientos de personas en el Deportivo de Xochimilco, en la Ciudad de México, destacó los riesgos que la lucha cada vez más sangrienta por el agua representaba para su comunidad: “Lo que vi en esta gira es que nos siguen pisoteando, maltratándonos. Miles de nosotros estamos a punto de caer en la marginación y la pobreza se verá agravada por las reformas estructurales ”.

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El año pasado, la defensora del medio ambiente participó en el documental Laberinto de Yo’eme sobre la resistencia del pueblo yaqui al desvío de agua y el avance del crimen organizado en su territorio. Sergi Pedro Ros, director de la película y amigo de Urbano y Rojo, identifica estos dos crímenes como una muestra de la permisividad que existe hacia la violencia que sufre la tribu yaqui con total impunidad. “Lejos de detenerse, esa violencia va en aumento. Y es muy grave ”, dice Pedro Ros a EL PAÍS.

El cineasta recuerda que Luis Urbano estaba muy preocupado por la desaparición de Tomás Rojo. Los dos activistas eran contemporáneos y ambos han sido «desactivados» al mismo tiempo. «El mensaje parece estar dirigido a todos, pero no solo a la tribu yaqui, sino a todos los defensores del medio ambiente en México», dice. El director desconoce la motivación o relación entre los dos crímenes, pero sí cree que los estaban atacando por quienes eran: los yaquis. «Porque son dueños de sus tierras, son indígenas en Sonora y eso parece imposible de tolerar», dice.

Alrededor de 40.000 habitantes viven en los ocho pueblos yaquis. La mayoría, 12.000, residen en Vícam. Todos son abastecidos por un sistema de tres presas que alimenta el río Yaqui. La lucha por el agua viene de lejos y la intensidad ha variado a lo largo de los años. En 1940, cuando solo había una presa, La Angostura, el presidente Lázaro Cárdenas entregó la mitad del agua a los yaquis. Con el tiempo se construyeron dos más, El Novillo y La Oviachic.

La expansión de la infraestructura del agua no ha mejorado la perspectiva de la comunidad. “Debido a la corrupción, se han emitido más derechos de agua de los que la cuenca tiene la capacidad de soportar. Muchas de estas concesiones ni siquiera se utilizan, sino que sirven para especular y luego adquirir derechos de uso de la tierra para construir fraccionamientos habitacionales o cosas así ”, explicó el líder yaqui Mario Luna a EL PAÍS.

En las últimas semanas, la presión sobre la comunidad ha aumentado. Al asesinato de Agustín El roque Váldez, hijo de un líder histórico yaqui de Loma de Guamúchil, fue seguido a principios de mayo por la desaparición de Tomás Rojo y más tarde por el asesinato de Urbano. Líder consolidado y vocero de la comunidad, Rojo fue perseguido políticamente durante el gobierno del exgobernador Guillermo Padrés (2009-2015), cuando ocurrió la llamada guerra por el agua en Sonora.

Esta lucha se vio agravada por la construcción del acueducto Independencia, preparado para transportar millones de litros cúbicos del río Yaqui hasta Hermosillo, la capital del estado. Los yaquis protestaron porque esta sobreexplotación de recursos no garantizaba el agua para sus pueblos. Los dejó sedientos en medio del desierto. El enfrentamiento con el gobierno panista llevó a Rojo a la clandestinidad ya Mario Luna incluso a la cárcel. Aunque en 2013 la Corte Suprema de Justicia pidió paralizar la obra y ordenó que se consulte a la tribu yaqui al respecto, la construcción continuó y el acueducto ya está funcionando hoy.

Mientras continúa la búsqueda de Rojo, su familia ha emitido un comunicado que muestra la difícil situación por la que atraviesa la comunidad: “Exigimos que cese la violencia dentro de la tribu Yaqui y en el Estado de Sonora. Nuestra Nación Yaqui está sitiada y se debe a intereses políticos que buscan restringir nuestros derechos y oscurecer nuestra lucha ancestral en la defensa de nuestro territorio, nuestras aguas y nuestros recursos naturales ”.

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