Elecciones en Perú: El desempleo asusta más que el comunismo |  Opinión
Pedro Castillo saluda a sus seguidores desde la sede de su campaña en Lima, Perú, el lunes por la noche.
Pedro Castillo saluda a sus seguidores desde la sede de su campaña en Lima, Perú, el lunes por la noche.ALESSANDRO CINQUE / REUTERS

La destrucción de la democracia en Venezuela y Nicaragua después de haberla utilizado para alcanzar el poder, es motivo suficiente para temer que Pedro Castillo pretenda implantar un engaño similar en el Perú o se encamine hacia la dictadura del proletariado que pretendía el leninismo de su partido, antes. demolición de la institucionalidad actual. La aclimatación del despotismo electo es poco probable en los Andes porque la Asamblea Constituyente que cimentaría su desarrollo debe ser convocada con el consenso de amplias mayorías, de las que carece Perú Libre, para que refleje la pluralidad social. Castillo no los tiene, ni un movimiento similar al MAS, de Evo Morales, ni al PT, de Lula, lo apoya, ni puede convocarlo como durante la junta militar de Morales Bermúdez.

Las elecciones presidenciales han demostrado que las alertas sobre la pérdida de libertades y derechos y el advenimiento de un totalitarismo represivo y ruinoso no hicieron mella en los millones de votantes ya arruinados por la pandemia y el desempleo. El 75% de los trabajadores peruanos son informales. El espantapájaros del comunismo no asustó al Perú de la vulgata marxista ni del olvidado desde el virreinato de Blasco Núñez. El crimen político y los ineptos en juego hicieron el resto en una nación con seis forasteros presidentes para los reordenamientos de la segunda ronda.

Castillo prometió dejar la presidencia en 2026 si la ganaba. Como Ollanta Humala, le convendría jurarlo ante notario para aclarar las dudas de los cuarteles, los inversionistas y, fundamentalmente, los demócratas: que firme el compromiso en defensa de la democracia militar que también inculcó sospechas desde protagonizó un levantamiento militar.

El venezolano Carlos Rangel, divulgador del liberalismo, propugnaba una revolución capitalista que premiara el emprendimiento de los peruanos que bajaban de las montañas para abastecer el consumo de Lima, superando la acumulación de ordenanzas, prohibiciones y abusos. “¡Qué no harían estas personas si el sistema sociopolítico en lugar de castigar su espíritu emprendedor lo disparara! Esa es la revolución que necesitamos en la región. ¡No, la estúpida y reaccionaria revolución marxista! ”.

Tu ensayo Del buen salvaje al buen revolucionario (1976), considerada la antítesis de Las venas abiertas de América Latina (1971), de Eduardo Galeano, denunció que el autoritarismo, el populismo, la idolatría estatal y el victimismo nacionalista agravan en América Latina males ya presentes en las sociedades precolombinas y coloniales y en las repúblicas del siglo XIX.

Medio siglo después, las verdades uruguayas sobre el desarrollo de Estados Unidos y Europa a costa del subdesarrollo del Tercer Mundo son dogmas en Castillo y los revolucionarios enraizados en la Teoría de la Dependencia. Es hora de que también reflexionen sobre las verdades de Rangel para crear riqueza sin perder la libertad. De lo contrario, todo seguirá igual o peor.

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