Iván Duque: El paro nacional que estremeció al Gobierno de Colombia |  Opinión
Una jornada de las jornadas de protestas contra el Gobierno de Iván Duque.
Una jornada de las jornadas de protestas contra el Gobierno de Iván Duque.JUAN BARRETO / AFP

En la Administración de Iván Duque todo ha ido de mal en peor. Una serie de errores, la falta de estrategia de comunicación y la falta de conexión con el pueblo colombiano tiene al país al borde de su peor crisis política de la historia reciente. Para entender la película hay que ver tres fotografías.

1. La primera fotografía fue la erosión de la democracia colombiana. Por un lado, el congreso funciona a media velocidad, es prácticamente inexistente. La virtualidad lo ha aislado de la sociedad y el control político se ha desvanecido. La desconexión es de tal magnitud que algunos congresistas se fueron de viaje a Estados Unidos para vacunarse en medio de la crisis política. El Poder Judicial, igualmente, funciona a mediados de marzo, las oficinas permanecen cerradas y el Ejecutivo legisla por decreto, transgrediendo las facultades del estado de emergencia. En otras palabras, la democracia se evaporó gradualmente en Colombia. La consecuencia es que la gente salió a pedir democracia. Las marchas y protestas son un proceso de radicalización democrática.

2. Una inmensa crisis económica, en gran parte producto de la pandemia, pero también derivada de errores económicos que llevaron a la situación actual del país. Desempleo de alrededor del 15%, aumento de la pobreza y la pobreza extrema y la quiebra de decenas de pequeñas empresas. Ante esto, el Gobierno propuso una reforma tributaria que castigaría al sector medio y asalariado. Fue la gota que colmó el vaso y la gente salió a la calle.

3. Un gobierno desconectado de la realidad. Ante la crisis social, el Gobierno respondió con lo que denominó asistencia militar, que, en la práctica, significó llevar tanques y tanques a las principales ciudades del país. Además, utilizó la vieja estrategia que pocos realmente creen: dijo que las manifestaciones estaban infiltradas por grupos criminales y que todo era una amenaza terrorista. Nada más alejado de la realidad.

Luego de ver las tres fotografías, la conclusión es una veintena de jóvenes asesinados a manos, presuntamente, de policías colombianos, protestas y manifestaciones en varias ciudades del país y un Ejecutivo en crisis que fue explotado por la coalición de gobierno. Además, en las últimas horas se vio obligado a retirar la reforma tributaria, que no desactivó el paro nacional. El ministro de Hacienda también dimitió y las movilizaciones tampoco se detuvieron.

Todo esto pudo ser evitado por el Gobierno de Duque, porque el martes 27 de abril se supo que la reforma estaba muerta en el Congreso, la mayoría la había perdido el Ejecutivo. Aun así, siguió adelante, desafiante. Luego, el sábado, salió en un discurso rodeado de militares, nuevamente desafiante. Y el domingo, cuando vio la magnitud de la crisis, salió a retirar la reforma en un intento por desactivar la huelga.

Lo que se sabe, por el momento, es que el gobierno nacional ha desplegado una estrategia de diálogo con algunos sectores para sacarlos de las manifestaciones. Con esto, aspira a desmantelar paulatinamente el desempleo. A su vez, organizaciones sociales han llamado a que continúe el paro y marche hacia Bogotá. Aún no está claro cuál será el resultado, pero se están viviendo momentos cruciales en el país. En un par de días se sabrá quién ganó la pelea, si el Gobierno con su estrategia de desactivación o las organizaciones sociales con la intención de ir a Bogotá.

Nadie espera este nivel de manifestaciones, ya que Colombia atraviesa el tercer pico de la pandemia, el más largo y mortífero. Sin embargo, el miedo al virus fue vencido por el hambre, la miseria y el enfado hacia la Administración de Iván Duque y Uribismo. Colombia atraviesa una verdadera crisis política.

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