Que España gane, pero que Modric no pierda |  Eurocopa de fútbol 2021

Cómo invertir reduciendo tu salario. El primer día, la Liga estaba bajo observación y el Barça salía de cuidados intensivos. La salida de Messi dejó un ambiente rancio, incómodo para jugar al fútbol. Pero Piqué, que tiene la capacidad de los gatos para aterrizar siempre de pie, mostró su inteligencia, compromiso y poder institucional. Se puso al volante y en veinticuatro horas, primero con un gesto, luego con un gol y finalmente con un micrófono, enderezó todo lo torcido. El gesto fue económico y sirvió para registrar jugadores que estaban en el limbo, lo que permitió al Barça un principio primordial de dignidad: no hacer el ridículo. El gol fue liberador, como si su efecto acabara con el duelo que molestaba a jugadores y público. Y ante el micrófono valoró a la plantilla y recordó a la afición que ellos también son parte del equipo. Al fin y al cabo, estaba el Barça.

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Fútbol democrático. El agujero que deja Messi es como el del meteorito que acabó con los dinosaurios. En el campo y también en el teatro cotidiano en el que se ha convertido el fútbol. Koeman entendió que, ante la marcha de un jugador extraordinario, solo queda exaltar lo ordinario. Y eso es lo que consiguió el Barça desde el primer minuto. No pensar, nada mejor que la acción, para que todos corran como principiantes. Hubo otro efecto estrictamente futbolístico. Messi, como todo genio, fue un embudo. Era obligatorio en el juego de ataque. Si había que torcer la jugada para que él interviniera, estaba torcido, pero Leo no podía quedarse fuera. Sin su devastadora influencia, el juego del Barça estaba disperso, como si ya no tuviera que pasar por ninguna costumbre. El resultado fue un gran partido en el que fue difícil encontrar figura. Todos sacrificados, todos participativos, todos notables.

Versión original. El Barça abrió sus puertas para que se fuera Messi y el Madrid las deja abiertas para que entre Mbappé. Mientras esperaba, Bale volvió allí, que no es lo mismo, pero hubo un momento en que estuvo cerca de serlo. Bale nunca cumplió cien millones de expectativas, pero es, como Hazard, un jugador de primer nivel. Si imaginamos la mejor versión del delantero con el que debutó el Madrid (Bale, Benzema, Hazard), estaríamos hablando del único que podría competir con el del PSG. El problema es «la mejor versión». Con Benzema fuera de toda sospecha porque se consagró en la excelencia, les toca a Bale y Hazard alargar la zancada para llegar hasta él. Ancelotti tiene la experiencia y la paciencia para ayudarlos, pero la parte más importante no la da el consejero, sino el aconsejado. En ese momento, el Madrid está jugando la temporada.

Sprint de maratón. Al comienzo de la temporada, la paradoja es que el campeón va de incógnito. ¡El campeón! Esto se debe a los medios, pero también a la capacidad de Simeone para apaciguar las expectativas y el juego del Atlético: un equipo que corre mucho, comete pequeños errores y cuya obsesión pragmática reduce su sentido del espectáculo a ganar sin perderlo de vista. Como es el último campeón, guardaré los matices para otro momento. Además, de los tres candidatos al título, el Atlético es el más maduro, convencido y centrado. Entró pisando fuerte en el campeonato porque Simeone cree tanto en «partido a partido» que en el primero pisa el acelerador tanto como en el último. Por el motivo que sea, los tres grandes salieron corriendo, pero la Liga es un maratón que ganará el más fuerte, el más inteligente, el más ambicioso. Espero que aprecies que no digo, todavía, el más rico.

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