La Real gana sin sangre |  Deportes
Oyarzabal transforma el penalti de la victoria de la Real.
Oyarzabal transforma el penalti de la victoria de la Real.Juan Herrero / EFE

Imanol Alguacil pidió sangre, aunque fuera solo una forma de hablar, porque no recordaba la última vez que un jugador de su equipo salió del campo con un hueco en la frente. Pidió intensidad, de hecho, porque sus jugadores tampoco necesitan salir a la cancha con la cabeza vendada, imagen de otras épocas que a veces pasa, aunque sea una excepción. El último futbolista que jugó en Primera con una venda en la frente fue el vizcaíno Ángel Sertucha, capitán del Sabadell en la inauguración de la Nova Creu Alta, y ya han pasado décadas.

Ahora no tiene estilo, y no es fácil salir sangrando, y mira algunos de ellos intentándolo. Ni siquiera hubo una herida contundente cuando Catena pisó la cabeza de Le Normand en la acción de penalti señalada por Jaime Latre, y que no fue por eso sino por unas manos groseras de Balliu, que no exigieron VAR ni nada. porque los vieron incluso a los que paseaban por Anoeta. Imanol se quedó sin oler la sangre, pero vio ganar a su equipo, que hizo un partido razonable ante un Rayo razonable, que hizo las cosas bien, pero algunas mal, como novato en la categoría.

La primera parte fue pareja. Oyarzabal e Isak no acababan de empezar, y los hombres de Iraola cubrieron bien a David Silva. Parecía que a las donostiarras les faltaba sangre en las venas con un Rayo más cómodo, y que en ocasiones pegaba con peligro a la contra. Le Normand estuvo muy atento en lo mejor que tuvo que cruzar el Madrid y mandar un centro de Álvaro a córner. La respuesta llegó en un tiro libre largo de Oyarzabal y rechazado por Dmitrievski, que tuvo que estirarse después para atrapar el segundo intento realista.

Los donostiarras salieron muy aplicados en la segunda vuelta y Silva falló uno de esos en los que nunca se suele equivocar. Oyarzabal llegó a la línea de fondo, cruzó hacia atrás, y en el punto de penalti, el canario remató, sin oposición pero desviado. El Rayo se retiró más ante el exuberante despliegue donostiarra, pero contraatacó con peligro. Andrés tuvo la oportunidad de adelantar a su equipo al rematar el poste tras una deliciosa asistencia de Merquelanz.

Sin embargo, todo lo demás fue un monólogo local. A falta de sangre, fútbol. Oyarzabal, que con la zurda le dio a Elustondo el disparo que Dmitrievski abofeteó al poste en la parada de la tarde, fue el encargado de ejecutar al portero del Rayista en el penalti sin derecho a apelar que cometió Balliu.

El Rayo quiso replicar, pero ya le faltaron fuerzas, y también dejó suficiente espacio para que corriera Isak, que se plantó un par de veces frente a la portería visitante pero sin sacar sangre. Ni siquiera con Bebe en el campo, que terminó todo sin importarle la distancia a la portería de Remiro, podía preocuparse el equipo de Iraola. Los 9.000 que volvieron a Anoeta se marcharon muy contentos y los paramédicos no tuvieron que quitar las grapas ni el frasco de betadine.

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