Marcell Jacobs gana la edición más ecuménica de los 100 metros |  Juegos Olímpicos 2021

Un chino, un italiano, un nigeriano, un sudafricano, un canadiense … Así podría empezar una broma de mal gusto y así comienza una final única, la primera de los 100 metros de los Juegos Olímpicos sin Usain Bolt desde hace 17 años. Es un himno ecuménico. Y también hay dos estadounidenses y un británico que, en un alarde de discreción, abandona el escenario, sin salida, antes de comenzar.

Usain Bolt desapareció del planeta del atletismo y la estrella única fue reemplazada por una multitud de pequeños planetas, y el mundo de la velocidad es un cosmos tan complicado que ni siquiera Galileo sabría calcular órbitas.

Es el triunfo de la globalización en la pista milagrosa de Tokio, y gana un italiano llamado Marcell Jacobs, fulminante como un rayo, dinamita que en dos días, en tres carreras, rompe el récord italiano tres veces y el europeo dos veces (los 9,86 del portugués Francis Obikwelu en 2004 que fue igualado por el francés Jimmy Vicaut en 2016).

Los atletas se alinearon en sus carriles antes de correr la final de los 100 metros en el Estadio Olímpico de Tokio.
Los atletas se alinearon en sus carriles antes de correr la final de los 100 metros en el Estadio Olímpico de Tokio. CÓMO HWEE YOUNG / EFE

En semifinales lo deja en 9.84s, y en la final – calle tres, arrancado de un toro tremendo con su gran cuerpo, una bola de músculos, a los 30m llega segundo, 3.81s, dos centésimas más que Fred Kerley, y Sigue lanzado, imparable, y nadie se le resiste -, lo baja a 9.80s, el décimo mejor récord mundial de la historia, y dos de las grandes potencias quedan atónitas, el norteamericano Fred Kerley, otro tremendo físico, puro. fuerza, perfección geométrica de los ángulos de sus pectorales, bíceps, glúteos y cuádriceps, que ha dejado los 400 my logra su mejor marca en los 100 m (9,84 s), y solo puede ser segundo detrás de un visitante habitual de los podios, el El más fluido y ligero de los tres, el canadiense Andre de Grasse, ya bronce en los tiempos de Usain Bolt, en los Juegos de Río 2016, y bronce en los nuevos tiempos, a pesar de lograr también la mejor marca de su vida, los 9,89. Y el chino, Bingtian Su, que en semifinales asustó a todos con sus 9,83 (nuevo récord asiático), es sexto con 9,98. El nigeriano, Enoch Adegoke, de 21 años, se abre camino hacia la meta y el sudafricano, Akani Simbine, termina cuarto (9,93s) y el otro norteamericano, Ronnie Baker, quinto (9,95s). En la final mundial no había lugar para el gran favorito, para el deportista que llevaba hablando todo el año, el recuperado Trayvon Bromell, que llegó a Tokio con la mejor marca del año (9.77s) y quedó eliminado en semifinales, en el que un keniano, Ferdinand Omurwa, bate el récord de su país (10.00) y se abre camino a la final.

30 países tenían hasta el domingo, noche cerrada en Tokio, colocando a un atleta en una final de 100 metros. Ni chinos ni italianos habían llegado nunca. E Italia, la primera vez, llega y gana. Jacobs, de 26 años, es el primer campeón olímpico de Europa tras el británico Linford Christie en Barcelona 92. Y viene del país que tuvo a Pietro Mennea, campeón olímpico de 200 metros en Moscú 80, aprovechando el boicot estadounidense, como gran emblema de la velocidad.

«He puesto mi alma en la pista», dice Jacobs, quien nació en El Paso (Texas), hijo de una madre italiana (Viviana) quien, cuando la niña tenía cinco años, dejó a su esposo y Texas y se instaló en el norte de Italia, en Desenzano, junto al lago de Garda. Y dicen en la prensa italiana, para quien lo dude, que es tan italiano que ni siquiera habla inglés, que solo se expresa en el idioma de Dante. Será italiano, y lo entrenará un italiano, Paolo Camossi, pero corre como un americano, pura fuerza. Y su evolución ha sido tan supersónica como los 100 metros más rápidos jamás corridos por un europeo. Antes de mayo de 2021, la mejor marca de Jacobs era 10.03s desde julio de 2019. En 2020, el año del paro pandémico, no cayó por debajo de 10.10s, pero en su primera carrera de 2021, en mayo, en Savona, rompió el Récord italiano por primera vez con 9,94 segundos. Y de ahí, de una marca casi del montón en el gran mundo internacional, con tres grandes mordiscos, tres récords, llegó al oro olímpico. Y todo parece una gran fantasía cinematográfica italiana suave y mala, sin ironía.

Jacobs se abraza al otro medallista de oro italiano del día, el saltador Gianmarco Tamberi, momentos después de ganar la final de los 100 metros.
Jacobs se abraza al otro medallista de oro italiano del día, el saltador Gianmarco Tamberi, momentos después de ganar la final de los 100 metros. ODD ANDERSEN / AFP

Y lo completa, y lo hace emocionante, y casi llorando de sentimiento, el gran espíritu olímpico simbolizado en un abrazo entre rivales.

Gianmarco Tamberi, el saltador de Ancona, corre a abrazar al toro de Garda, su compatriota. Y debe ser el día del gran abrazo de todos los deportistas que renacen, porque antes de partir hacia Jacobs, Tamberi se ha abrazado con Mutaz Barshim. Ambos han terminado primeros, empatados a 2,37 my nulos (los tres por encima de 2,39 m). El reglamento prevé un desempate o un acuerdo entre los empatados para compartir el oro. Y eso es lo que hacen los dos saltadores, de 30 años, el qatarí, que rompió intentando batir el récord del mundo de Javier Sotomayor, 2,45m, y ha sido bicampeón olímpico y bicampeón del mundo, y 29 el italiano, que no había ganado ningún gran título y además ha sufrido una grave lesión. Los dos subirán al podio como campeones olímpicos, dejando el bronce al bielorruso Maksim Nedasekau, que también saltó 2,37m, pero con dos nulos más. «Compartir el oro con Marco me hace tremendamente emocionado y muy feliz», dice Barshim. “He pasado por tanto que no quiero abandonar este sueño. Han tenido que pasar cinco años de lesiones y dar pasos adelante y atrás para llegar ”.

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