Protestas en Colombia: Cali: explicaciones para una ciudad sitiada |  Opinión
Un grupo de personas protesta la noche del 11 de mayo de 2021 en el barrio de Siloé, en Cali.
Un grupo de personas protesta la noche del 11 de mayo de 2021 en el barrio de Siloé, en Cali.Ernesto Guzmán Jr. / EFE

Con camisa blanca y jeans, sin más arma que un teléfono celular, Mónica Almanza se paró frente al autobús que conducía a la minga indígenas y detuvieron su marcha. Intentaron apartarla y ella no la soltó. «Atropelladme si quieren», les dijo. La atacaron y la arrastraron por el suelo.

Sucedió en Cali, la tercera ciudad más grande de Colombia, cuando miembros de comunidades indígenas del Cauca, provincia del sur del país, querían apoderarse de una zona residencial y comercial. Habían pasado once días desde la Huelga Nacional; de marchas pacíficas, pero también de vandalismo y bloqueo de las vías de acceso a una ciudad de tres millones de habitantes. ¿Por qué?

Una primera hipótesis es social. Las cifras oficiales indican que la pandemia empobreció a la provincia del Valle, cuya capital es Cali. La pobreza monetaria pasó del 24 al 34%. Pero Cali sigue estando entre los 4 de 20 que son mejores; el promedio nacional es 42,5% y Bogotá es 40%. Y el desempleo en Cali, a marzo, era del 18,7%, levemente por encima del nacional pero por debajo de Bogotá, que era del 20,1%. Sin desconocer que Cali es una ciudad con mucha pobreza y desigualdad, no parece contundente argumentar que las protestas fueron más complejas en ella por sus problemas sociales.

Una segunda hipótesis es la provocación de la policía. Organismos y medios internacionales centraron su mirada en Cali sobre los posibles excesos de autoridad; No hicieron falta varios países para condenar al gobierno. Sin reconocer la existencia de casos de posibles abusos, asunto de investigación, el agradecimiento de la gente de Cali con la policía antidisturbios es enorme. Las imágenes de ella siendo aplaudida como heroína a su paso por la ciudad son reveladoras. Por tanto, la tesis según la cual la Fuerza Pública exacerbó el ánimo de los manifestantes no resulta convincente. Además, Cali sigue exigiendo presencia policial y militar y el restablecimiento del orden.

En el video, el ataque a Mónica Almanza, cuando se paró frente al autobús encabezado por la minga indígena.VIDEO: EPV

Una tercera explicación es su ubicación. A una hora al sur de Cali se encuentra Cauca, cuya capital es Popayán. El norte de la provincia alberga algunos de los principales laboratorios de cocaína, y a dos horas se encuentra Buenaventura, el principal puerto del país en el Pacífico, eje del Litoral, y cuyos anchos ríos son el punto de entrada de armas y precursores químicos y la salida de la cocaína. . En Cauca hay un asentamiento de narcotraficantes, disidentes de las FARC, ELN y comunidades indígenas, incluido el que marchó a Cali. Las autoridades señalan que los hechos en Cali no solo han sido la presencia de grupos armados ilegales, dinero y armas del narcotráfico.

Una cuarta explicación es la falta de previsión. Cali fue una de las ciudades más afectadas por vandalismo y bloqueos en la huelga de 2019. Era de esperar entonces que sucediera algo similar. Pero no se tomaron las medidas adecuadas para evitar el bloqueo de las vías de acceso, proteger las estaciones y buses de transporte masivo, edificios públicos y comercio. Se cuestiona la inteligencia del Estado o, en su defecto, no haber actuado si hubo información. Y cuando el alcalde, en su calidad de jefe de policía, autorizó a la brigada antidisturbios a tomar las calles, la ciudad estaba en llamas. La falta de liderazgo y coherencia ha sido notoria.

Es decir, la razón por la que el Paro Nacional ha sido más intenso en Cali no parece radicar en su situación social o en una provocación policial, como algunos señalan. El dinero y las armas del narcotráfico y la guerrilla, y la falta de previsión de las autoridades, explicarían mejor lo sucedido. Pero todavía es insuficiente; se debe tomar una mirada mucho más amplia.

La reforma fiscal del Gobierno de Iván Duque acabó siendo un pretexto para avivar las marchas, porque una vez retirado el Congreso no se levantó la huelga. Por el contrario, se amplió en el tiempo y se agregó el paro de los transportadores. Lo anterior nos lleva a pensar que hay un propósito diferente: debilitar al Gobierno y a la derecha de cara a las elecciones de 2022. La estrategia es una parálisis prolongada y sistémica, de la que se responsabiliza al Gobierno.

Esto no significa que no haya molestias ni motivos para irse. El último año ha sido complicado. Colombia inició 2020 con proyecciones de crecimiento de 3.4%, superior al promedio mundial. Era un país optimista, que en las últimas décadas había logrado reducir la pobreza y hacer crecer la clase media, reducir la delincuencia, triplicar el turismo extranjero, unirse a la OCDE y firmar un acuerdo de paz con las FARC, no sin polémica. .

Pero al igual que otros países, la desaceleración de la economía provocada por la pandemia ha arrojado a la pobreza a 3,5 millones de personas. El Gobierno implementó varios programas para apoyar a los más vulnerables y evitar despidos masivos en las empresas. Iniciativas que paradójicamente aspiraban a seguir financiándose con la reforma tributaria que desbordó la corona y que, según serios centros de investigación económica, fue la más progresista en décadas.

La protesta social es un derecho fundamental. La pregunta es si debe realizarse con violencia y violando los derechos del resto de la población, como es el caso de Cali; Derechos humanos que, a juicio de la mayoría de los caleños, poco importan en el exterior. Los alimentos, los suministros médicos y el combustible llegan cuando los obstáculos lo permiten. Las personas son secuestradas de sus hogares. Si algo así sucediera en Vancouver, Las Vegas, Amsterdam, Ginebra o Barcelona, ​​con una población similar, seguramente el aspecto sería diferente.

Cali ha vivido momentos difíciles y los ha superado gracias a la resiliencia de sus ciudadanos. No en vano es una ciudad pujante y emprendedora, sede de importantes multinacionales, líder nacional en varios sectores, con universidades y hospitales regionales de primer nivel, y un fuerte liderazgo social y sindical. Pero sigue sitiada, esperando el restablecimiento del orden y sus derechos, un diálogo con la grandeza y una mirada objetiva desde fuera.

Francisco José Lloreda Mera Es exdirector del diario El País de Cali, exministro de Estado y doctor en Política por la Universidad de Oxford.

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