Reforma tributaria: En Colombia se ha encarecido hasta protestar |  Internacional
El sindicato de dueños de restaurantes y bares protesta en Bogotá por el cierre de sus negocios esta semana.
El sindicato de dueños de restaurantes y bares protesta en Bogotá por el cierre de sus negocios esta semana.Mauricio Duenas Castañeda / EFE

El descontento aumenta en la sociedad colombiana. La reforma tributaria impulsada por el presidente Iván Duque, el proyecto con el que pretendía grabar su nombre en piedra, suma cada vez más detractores, a pesar de que la mayoría de los expertos lo consideran necesario. Las centrales de trabajadores habían convocado un paro nacional para este miércoles, al que se sumaron organizaciones civiles, contra la subida de impuestos, pero una tercera ola agresiva de covid ha llegado a complicar aún más la situación. Las principales ciudades han vuelto al encierro, cuando hace un mes se tenía la sensación de que lo peor de la pandemia ya había pasado. En este contexto, con los hospitales al borde del colapso, incluso algunos de los más críticos de Duque creen que no es sensato salir a la calle. El caso es que en Colombia se ha vuelto caro protestar.

Duque, a quien le queda un año en el cargo, atraviesa una situación compleja. Presentó una reforma sabiendo que tendrá muchas piedras en el camino. La pregunta ahora es si con la poda que tendrá que solicitar para ser aprobado en el Congreso, logrará el 2% del PIB, la recaudación de impuestos más ambiciosa de los últimos 30 años. Varias fuerzas políticas, especialmente las que representan a los sectores más acorralados de izquierda dentro de la coalición del candidato presidencial Gustavo Petro, incluso proponen hundirlo por completo y demandar que lo retire por inconvenientes. Ese fue el legado del presidente, su piedra de toque. Sería la primera reforma en América Latina motivada por la crisis del coronavirus. Con ese dinero, también evitaría que la deuda soberana se convirtiera en un bono basura. Una bola de oxígeno ante los mercados.

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El problema es que este proyecto, que Duque califica de social porque supone, entre otras cosas, una renta básica permanente para los más vulnerables, tiene cada vez menos apoyo político. El propio partido del presidente, el Centro Democrático, un partido conservador, ha propuesto rebajarlo. El partido, que defiende que la reforma es necesaria, asume que no llega en el momento adecuado y no quiere ir a las elecciones de 2022 con el tremendo peso que supondría apoyar una medida tan impopular.

«El gobierno está en una situación difícil», dice Yann Basset, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad del Rosario, en Bogotá. “Una reforma fiscal en una pandemia y un año después de las elecciones es demasiado. Duque está perdiendo el control del calendario mucho más rápido de lo que pensaba ”. Basta resaltar las críticas a su mentor, Álvaro Uribe, la figura sobre la que ha gravitado la política colombiana en las últimas dos décadas. Uribe, líder indiscutido del Centro Democrático a pesar de su renuncia como senador por sus problemas con la justicia, dijo en una entrevista en Blu Radio que la semana pasada llamó a Duque para mostrarle su decepción con la reforma. Más que el contenido, de momento, tardío en su opinión, en el que se está promulgando. Un personaje de carácter brusco, acostumbrado a hacerse oír, aseguró que esta vez no le hicieron caso cuando advirtió que el proyecto perjudicaría a la fiesta. Dijo estar de acuerdo con la política social del presidente y su diagnóstico de las finanzas agotadas del país, pero no cree que ese sea el camino correcto.

La parálisis de la reforma tributaria, que los analistas comienzan a dar por muerta en las tertulias, a pesar de que apenas está abriéndose paso en el Congreso, se cruza con un repunte en el contagio del covid-19. Esta semana fue el día más mortífero desde el comienzo de la pandemia, con 465 muertes. Las ciudades más importantes del país han vuelto a los toques de queda, los encierros y la prohibición. Bogotá, una ciudad que parecía iniciar el camino hacia la normalidad, al menos la normalidad pospandémica, ese concepto que apenas se vive, volvió a enclaustrarse. El repunte coincide con el retraso en el plan de vacunación. El objetivo de Duque de inmunizar al 70% de la población (35 millones de habitantes) este año es inalcanzable a este ritmo.

La situación ha puesto en tela de juicio el paro nacional convocado para el miércoles que, algunos sectores sociales, esperaban que sirviera nuevamente como mecha para encender las protestas que azotaron al país a fines de 2019. El grueso de la oposición a Duque, sin embargo , No fuerce la máquina y pida a la población que se quede en casa. La alcaldesa progresista de Bogotá, Claudia López, considera que marchar en este momento «es un atentado contra la vida». Sergio Fajardo, un candidato centrista, pidió otras alternativas de protesta.

La pandemia ha golpeado con violencia a la economía colombiana. En los momentos más duros, los vecinos de los barrios populares colocaron trapos rojos en las ventanas para pedir ayuda. No tenían nada que comer. Los edificios estaban manchados de ese color. El país sufrió una caída del PIB del 6,8% en 2020, la mayor caída de la historia registrada, y el desempleo, acostumbrado a ser alto, alcanzó el 21,4% en su peor momento.

Las encuestas de opinión indican que dos tercios de la población desaprueban la gestión del presidente. La reforma fiscal parece desvanecerse, a menos que Duque dé un giro y obtenga más apoyo. La confusión la ha aprovechado Gustavo Petro, perdedor en la segunda vuelta ante Duque en 2018 y que ahora es el favorito para ser el próximo presidente, para enterrar el dilema entre salud y reforma tributaria. El ex alcalde de Bogotá y ex guerrillero del M19, que mantiene su apoyo para la jornada de protestas, escribió en Twitter: «Por el bien de la salud de Colombia, propongo retirar la reforma tributaria».

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