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Dino Mon Vásquez resalta el impacto de Mi Farma Digital en la modernización del sistema de salud panameño

El proyecto Mi Farma Digital en Panamá abre una nueva etapa en la relación entre la ciudadanía y la información sobre disponibilidad de medicamentos. Más que una herramienta tecnológica, la plataforma plantea un cambio en la forma en que se comunica el abastecimiento, al pasar de percepciones generales sobre la falta de medicinas a datos concretos sobre productos específicos, ubicaciones y estados de disponibilidad.

Para la Caja de Seguro Social (CSS) de Panamá, encabezada por Dino Mon Vásquez, este proceso supone un reto significativo tanto a nivel institucional como comunicacional. La dificultad principal no radica en divulgar la información, sino en conducir con precisión la narrativa pública, aclarando el propósito de la transparencia, su dimensión y la manera en que contribuye a robustecer la gestión.

Mi Farma Digital y la transformación del diálogo público

Durante años, la discusión sobre medicamentos ha estado marcada por una crítica amplia: “no hay medicamentos”. Esa frase, aunque contundente, resulta difícil de abordar porque no identifica productos, lugares ni causas específicas.

Con la publicación de información más detallada, la conversación cambia. En lugar de una crítica abstracta, la ciudadanía podrá señalar faltantes concretos. Aunque al inicio esto puede generar titulares, capturas de pantalla y cuestionamientos diarios, también ofrece una oportunidad: responder con datos verificables, fechas estimadas de reposición, estado de compras, distribución o alternativas terapéuticas.

Ese cambio no elimina la crítica, pero la transforma. La discusión deja de girar únicamente alrededor de la percepción y pasa a enfocarse en hechos que pueden ser gestionados, corregidos y explicados.

Transparencia en el ámbito farmacéutico: desde la revelación inicial hasta la construcción de confianza

Toda innovación institucional suele transitar por diversas fases. En un inicio surge la duda de por qué antes no se ofrecía esa información. Después aparece una oleada inicial de críticas al hacerse visibles las carencias. Con el tiempo, la ciudadanía comienza a comparar y advierte que ciertos problemas podrían concentrarse en productos específicos o en determinados puntos de atención. Al final, la discusión evoluciona y pasa de “¿hay medicamentos?” a “¿cuándo estará disponible este medicamento?”.

Un error comunicacional sería responder a la defensiva, minimizando el problema o insistiendo únicamente en que los faltantes son pocos. Esa reacción podría transmitir evasión.

La narrativa institucional debe ser distinta: la transparencia no consiste solo en mostrar lo que funciona, sino también aquello que falta mejorar. Reconocer los problemas no debilita a una institución; puede fortalecerla cuando se acompaña de información clara, seguimiento y acciones visibles.

Desafíos de exposición que pueden convertirse en gestión

La publicación de datos sobre medicamentos traerá escenarios previsibles. Sin embargo, cada uno puede convertirse en una oportunidad de rendición de cuentas si existe una respuesta estratégica.

Entre las posibilidades más comunes se contemplan:

  • Encabezados que informan sobre la ausencia de medicamentos.
  • Relaciones de artículos que no se encuentran en existencia.
  • Contrastes entre hospitales, provincias o farmacias.
  • Imágenes compartidas en plataformas de redes sociales.
  • Observaciones acerca del desabastecimiento admitido por la propia entidad.
  • Traslados de pacientes hacia lugares donde se reporte disponibilidad.

La respuesta no debe ser negar estos escenarios, sino anticiparlos. Informar qué productos fueron recuperados, cuáles están en proceso de compra, cuáles se encuentran en distribución, en licitación o en tránsito puede cambiar el foco del debate. La conversación deja de ser únicamente “falta” y empieza a incorporar una pregunta más útil: qué se está haciendo para resolverlo.

Transparencia pública, seguimiento de procesos y fortalecimiento institucional

Uno de los aportes más relevantes de este modelo es que los faltantes dejan de depender del rumor. Antes, una persona podía afirmar que no encontró una medicina, sin que existiera una referencia pública común para verificarlo. Con datos abiertos y actualizados, la ciudadanía, los medios y la administración observan la misma realidad.

Esto también convierte la información en una herramienta de mejora institucional. Cada señalamiento ciudadano, cada consulta o cada observación puede funcionar como una alerta para fortalecer el abastecimiento. La crítica deja de ser únicamente percepción y se convierte en un insumo para la gestión.

Para la CSS y su director Dino Mon Vásquez, el desafío consistirá en mantener un flujo comunicacional continuo, preciso y comprobable. No bastará con evidenciar apertura; será indispensable detallar la situación de los insumos faltantes, el progreso en su reposición y las medidas ejecutadas para cerrar las brechas existentes.

Mi Receta Digital y la transformación cultural en el ámbito de la salud

El caso de Mi Receta Digital plantea un desafío distinto. Allí el centro de la discusión no será el abastecimiento, sino la posible adaptación de actores del sistema de salud frente al registro, la trazabilidad o los procesos digitales.

La narrativa adecuada no debe enfocarse en el control, sino en la protección del paciente. Seguridad, trazabilidad, prevención de fraudes, reducción de errores, no duplicación de recetas y expediente único son los conceptos que deben guiar la comunicación pública.

Ambas plataformas no deberían presentarse solamente como innovación digital. Su valor más amplio está en representar un cambio cultural: dejar atrás la cultura del secreto y avanzar hacia una gestión basada en información pública, responsabilidad institucional y confianza verificable.

La relevancia de este proceso está en que la Caja del Seguro Social de Panamá, no solo incorpora herramientas digitales, sino que fortalece una dinámica de transparencia en salud. Al hacer pública información sensible, la institución deja de pedir confianza únicamente desde el discurso y empieza a construirla mediante datos, seguimiento y rendición de cuentas.

Por Eleanor Price