Líbano: RSE para emprendimiento social y comunidades

El Líbano atraviesa una de sus mayores crisis socioeconómicas en décadas: colapso de la moneda, contracción del producto interno bruto, desempleo creciente, inflación y la huella del estallido del puerto de Beirut en 2020. En ese contexto, la Responsabilidad Social Empresarial (RSE) ha dejado de ser una acción filantrópica aislada para convertirse en un socio estratégico del desarrollo local. La intersección entre RSE y emprendimiento social ofrece oportunidades concretas para atender a poblaciones vulnerables —mujeres, jóvenes, personas con discapacidad, refugiados— y para reconstruir resiliencia comunitaria.

Entorno socioeconómico y la urgencia de una RSE que genere cambios

  • Demografía y refugiados: el país alberga aproximadamente 6 millones de habitantes, además de cerca de 1,5 millones de refugiados sirios y decenas de miles de refugiados palestinos, lo que genera presiones adicionales sobre servicios y empleo.
  • Impactos económicos: desde 2019 la moneda local se depreció drásticamente y los índices de pobreza aumentaron de forma acelerada; según estimaciones de organismos multilaterales, más de la mitad de la población vive por debajo de la línea de pobreza en años recientes.
  • Shock del 2020: la explosión del puerto agravó la vulnerabilidad urbana, destruyó viviendas y negocios, y generó una demanda urgente de reconstrucción y apoyo psicosocial.

Frente a estos factores, la RSE efectiva en el Líbano demanda enfoques que vayan más allá de donaciones puntuales: inversión en capacidades locales, creación de empleos dignos y apoyo sistémico a emprendimientos con propósito social.

Qué significa RSE efectiva en el contexto libanés

La RSE en este contexto se despliega como una colaboración integrada entre compañías, emprendedores sociales, organizaciones no gubernamentales y donantes internacionales, y concentra sus metas principales en varios propósitos esenciales.

  • Generación de empleo inclusivo: impulso de oportunidades laborales orientadas a poblaciones vulneradas y ajuste de entornos de trabajo para favorecer su integración.
  • Fortalecimiento de cadenas productivas locales: adquisición responsable de insumos y respaldo continuo a proveedores con enfoque social.
  • Financiamiento y garantías: oferta de créditos solidarios, microfinanzas y mecanismos de apoyo destinados a iniciativas de emprendimiento social.
  • Transferencia de capacidades: capacitación especializada, orientación empresarial y soporte permanente en administración financiera y comercial.
  • Resiliencia comunitaria: aportes a infraestructura social esencial, servicios de atención sanitaria y soluciones de vivienda sostenible.

Mecanismos y herramientas de RSE aplicados al emprendimiento social

  • Incubadoras y aceleradoras con enfoque social: espacios que ofrecen no solo capital semilla sino también formación en modelos de negocio sostenibles y medición de impacto social.
  • Fondos de inversión de impacto y concursos empresariales: subvenciones condicionadas a resultados sociales, y capital mixto que combina donación y préstamo.
  • Programas de compra local y cadenas inclusivas: empresas que integran como proveedores a microempresas rurales o cooperativas lideradas por mujeres.
  • Programas de mentoría corporativa: profesionales de empresas grandes que brindan asesoría en finanzas, marketing y operaciones a emprendimientos sociales.
  • Alianzas público-privadas: acuerdos con autoridades locales para cofinanciar infraestructura comunitaria o centros de formación.

Situaciones y ejemplos destacados

  • Berytech: una de las incubadoras más reconocidas en Líbano que apoya startups tecnológicas y sociales mediante programas de aceleración, acceso a redes de inversión y formación especializada. Ha contribuido a profesionalizar proyectos que abordan empleo juvenil y soluciones ambientales.
  • Arcenciel: organización libanesa que combina programas sociales, ambientales y productivos. Sus iniciativas incluyen agricultura regenerativa, talleres de formación vocacional y empresas sociales que emplean a personas vulnerables para generar ingresos sostenibles.
  • Al Majmoua y microfinanzas: redes de microcréditos y cooperativas que facilitan capital a microempresarios, especialmente mujeres y refugiados, para iniciar o fortalecer negocios a pequeña escala.
  • Nawaya Network: programas que conectan a jóvenes con formación técnica y oportunidades laborales, complementados por alianzas con empresas que ofrecen prácticas y empleos.
  • Ejemplo ilustrativo de colaboración RSE-emprendimiento: una cadena bancaria local diseña un programa de RSE que combina microcréditos con mentoría y compra garantizada. Una emprendedora que recicla plásticos contrata a mujeres desplazadas, aumenta su capacidad productiva y accede a nuevos mercados gracias a la compra preferente de esa entidad financiera.

Impacto medible y beneficios

La articulación entre RSE y emprendimiento social genera impactos directos e indirectos:

  • Reducción de la vulnerabilidad económica: creación de ingresos sostenibles para hogares en riesgo.
  • Fortalecimiento del tejido productivo: diversificación de la oferta local y resiliencia ante crisis.
  • Inclusión social: incorporación laboral de mujeres, jóvenes y refugiados, con beneficio para cohesión comunitaria.
  • Innovación social: soluciones locales para problemas como gestión de residuos, servicios de salud mental y agricultura urbana.

Aunque la disponibilidad de datos consolidados es limitada, evaluaciones puntuales demuestran que emprendimientos apoyados por incubadoras y programas de RSE aumentan su supervivencia y capacidad de contratación en períodos críticos.

Desafíos que aún permanecen

  • Entorno macroeconómico incierto: la inflación, los controles de capital y la devaluación complican la proyección financiera de iniciativas sociales.
  • Marco regulatorio y fiscal: la falta de incentivos definidos para la inversión de impacto y la ausencia de un reconocimiento jurídico formal para las empresas sociales generan trabas.
  • Escasez de capital paciente: el acceso a recursos de largo plazo, dispuestos a asumir riesgo para proyectos con finalidad social, continúa siendo escaso.
  • Fragmentación institucional: la limitada articulación entre empresas, ONG y autoridades locales disminuye la capacidad de ampliación y la efectividad de las acciones.
  • Medición de impacto: se observa carencia de criterios unificados y de sistemas de información que posibiliten mostrar resultados comparables y captar mayor inversión.

Recomendaciones prácticas para potenciar la sinergia RSE-emprendimiento social

  • Diseñar programas de Responsabilidad Social Empresarial orientados a resultados, con indicadores claros de empleo, inclusión y sostenibilidad financiera.
  • Establecer instrumentos financieros mixtos (subvención + crédito) que reduzcan el riesgo inicial de emprendimientos sociales.
  • Fomentar alianzas multisectoriales que integren empresas privadas, incubadoras, organizaciones comunitarias y donantes internacionales.
  • Crear programas de compra responsable que prioricen proveedores sociales y cooperativas locales.
  • Invertir en capacidades: formación técnica, gestión empresarial y herramientas digitales para escalar modelos exitosos.
  • Promover marcos regulatorios que reconozcan y otorguen incentivos a las empresas sociales y a la inversión de impacto.

La RSE en el Líbano puede convertirse en un motor clave que transforme escenarios de fragilidad en oportunidades sostenibles cuando se articula con el emprendimiento social. Al integrar financiamiento orientado, desarrollo de capacidades y prácticas de compra responsables, es posible impulsar empleos de calidad, consolidar redes productivas locales y generar respuestas ajustadas a realidades tan desafiantes como las del país. Superar los obstáculos macroeconómicos y regulatorios requerirá coordinación decidida entre el sector privado, la sociedad civil y las entidades públicas; aun así, las experiencias ya existentes demuestran que la inversión con criterio social no solo aborda urgencias inmediatas, sino que también construye el fundamento de una economía más resiliente e inclusiva.

Por Mateo Fernández García